Mi abuelo Miguel · ELPAÍS.com


Al abuelo se le hizo corta la vida de tanto desdoblarse en sus personajes, actuando en nombre de Paco el Bajo, Daniel el Mochuelo o el Señor Cayo. Le hubiese gustado morir como su amigo Damián, que el día antes estaba cargando cartuchos. “¡Ilusionado con algo la víspera! El que muere sin ilusiones era ya un hombre muerto”, llegó a escribir en su diario Un año de mi vida. De la alegría, él se despidió sin embargo hace más de una década tras una delicada operación. En este periódico, ya en 2004, describió su rutina como “un postoperatorio interminable”. Aguardaba resignado el momento final aunque, cenizo como era, desde que cumplió los 50 decía vislumbrar el desenlace. “La ciencia ha conseguido alargar la vida del hombre, pero no su calidad de vida”, se lamentaba. Por eso, a quien por la calle le deseaba una larga existencia -“¡Don Miguel, que Dios le conserve entre nosotros muchos años!”- le requería unas oraciones por su entera recuperación.

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vía Mi abuelo Miguel · ELPAÍS.com.

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